31 de diciembre de 2010

Tengo algo que deciros (Mine vaganti, 2010)


Amasando secretos



Siguiendo el estereotipo de familia acomodada con costumbres demasiado tradicionales, los Cantone no se preocupan solamente por cuidar su imagen pública, sino también la que ofrecen de puertas para adentro. A modo de premonición, la homosexualidad se presenta en este hogar como la peor de las desgracias que pueda llamar a su puerta. Lo que todavía no saben es que ya ha entrado, se ha instalado y no puede marcharse. Con el objetivo de alejarse del negocio familiar, Tommaso decide anunciar que es gay en una importante cena y así evitar su nombramiento como director de la empresa. Pero Antonio, su hermano, da a la conversación un giro inesperado que cambiará todos sus planes.

Ferzan Ozpetek vuelve a llevar la homosexualidad a la gran pantalla con el respaldo de la taquilla italiana. Tengo algo que deciros mezcla la sobriedad e hipocresía de las relaciones familiares de Yo soy el amor (Luca Guadagnino, 2009) con un obsoleto asunto del honor personal. De hecho, el año de producción de la película se subraya en el diálogo, para que nadie piense que la historia transcurre en el siglo pasado. En realidad se trata de un retrato de la sociedad rural del sur de Italia, en el que se ha añadido un leve tono de disconformidad hacia esos valores.

En el reparto destaca sobre todo su protagonista: Riccardo Scamarcio, a quien recordamos de Manual de amor 2 haciendo rehabilitación en una silla de ruedas, y quien guarda un sorprendente parecido con Ricardo Darín de joven. Pero entre los roles secundarios sobresale Lunetta Savino, a quien se ha podido ver en el papel de madre en Raccontami (el Cuéntame cómo pasó italiano), y una dulce pero no empalagosa Ilaria Occhini.

A pesar de sonrojar con varios momentos ridículos, en los que los amigos de Tommaso crean un atrevido contraste con el resto del filme, sorprende la importancia que adquieren ciertos recursos poco habituales en este tipo de obras. La sensualidad del personaje de Alba sirve para construir una historia secundaria que enlaza perfectamente con las raíces familiares, creando un aleccionador final cuyo origen está en la propia experiencia de las generaciones más lejanas. Y es que, con diferentes matices, el conflicto entre lo que a cada uno le gustaría hacer con su vida y lo que termina haciendo por no defraudar a los demás sigue estando a la orden del día.


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27 de diciembre de 2010

El estudiante (2009)


Discípulo quijotesco

☆☆

Se suele decir que, a lo largo de la vida, el ser humano nunca deja de aprender. Por eso Chano, un hombre de 70 años, quiere aprovechar el tiempo libre del que ahora dispone para cumplir uno de sus sueños: estudiar Literatura en la universidad. La diferencia de edad con el resto de alumnos hará que sea señalado por todos con el dedo. Pero nada importa cuando el deseo de autoestima y superación está por encima de cualquier impedimento. O casi de cualquiera.

En El estudiante se produce un hermanamiento entre dos generaciones: la de los jóvenes que día a día construyen el futuro de México y la de aquellos que ya consiguieron levantar a este país norteamericano. Aunque las costumbres sean diferentes, Chano todavía reconoce muchas actitudes de su época en sus compañeros, signo de que no han cambiado tanto las cosas. Una curiosa secuencia en la discoteca evidencia todo esto, creando un paralelismo entre las voces que hablan del pasado y las imágenes que muestran el presente.

A pesar de que la vejez se presenta etiquetada con palabras como sabiduría, reflexión y madurez, se cae en el error de idealizar la etapa de la juventud. En muchos momentos parece que el protagonista simplemente quiere volver a ser joven, alimentando una quimera que actualmente tiene demasiada presencia social. Y ya puestos a idealizar, la literatura española no se salva. Pese a su indudable importancia, reducir toda la narrativa de la madre patria a Don Quijote de la Mancha y a La vida es sueño es extremadamente superficial, y más si se tiene en cuenta que se produce en el ámbito académico.

El arranque de El estudiante no puede ser más desastroso. Sin ningún tipo de transición, la información otorgada al comienzo es demasiado breve y repentina, por lo que no se consigue construir la psicología del personaje. Así, los motivos por los que se produce esta extraña conducta quedan sin una explicación suficiente. La presentación de sus compañeros en el interior del aula tampoco es muy afortunada, llegando a caer en el ridículo con la de dos de ellos. Una vez superada esta fase de la película, el ritmo es políticamente correcto hasta las últimas secuencias, en las que se intentan exaltar hechos de poca importancia con una música orquestada más propia del cine épico. Escuchen lo que escuchen los oídos, han de saber que no están ante ningún gigante, sino ante un simple molino.

Estreno en España: 4 de marzo de 2011

(Preestreno cortesía de Flins & Pinículas)


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25 de diciembre de 2010

No controles (2010)


Juancarlitros y compañía

★☆

Borja Cobeaga, director de Pagafantas (2009), y su inseparable guionista Diego San José, vuelven a trabajar juntos en la comedia No controles. Inicialmente, el título iba a ser "Retrasado", porque la historia ocurre gracias a las cancelaciones de vuelos en un aeropuerto, pero se decidió cambiar para evitar malentendidos ofensivos. La canción de Olé Olé, compuesta por Nacho Cano, trae ese punto de melancolía necesario en este género para acercarse más al público.

En la nochevieja de 2010, Sergio tiene que tomar un vuelo para trabajar en Año Nuevo. En otro avión, su exnovia Bea viaja a Alemania para no volver. Pero un temporal de nieve les obliga a pasar una última noche juntos hospedados en un hotel. Un pesado compañero del colegio de Sergio irrumpe en sus vidas, haciendo todo lo posible para que ella no se vaya sin saber que todavía le quiere. Su nombre es toda una tarjeta de presentación: Juancarlitros.

Julián López, conocido sobre todo en España por su participación en La hora chanante y en Muchachada Nui, interpreta a este humorista que parece sacado del programa de Televisión Española No te rías que es peor. El humor que le aporta a la película no reside en sus chistes u ocurrencias, sino en la vergüenza ajena por la que pasa cualquiera que le escucha. Este personaje es la piedra angular de No controles, con una construcción de su psicología mucho más desarrollada que el resto. De hecho, parte de la promoción del filme se basa en publicitar a este monologuista tan particular mediante la esperpéntica página web de Juancarlitros. No hay que descartar un futuro spin-off.

El reparto se completa con unos acertados Unax Ugalde y Alexandra Jiménez, un sobreactuado Miguel Ángel Muñoz, y unos extras destacables como Secun de la Rosa o Mariví Bilbao. Muchas caras conocidas que no lo son tanto en otros países, algo que puede ser tan beneficioso como perjudicial para el éxito que coseche fuera de las fronteras españolas.

El género de la comedia está muy infravalorado entre los críticos cinematográficos, pero también muy sobrevalorado entre el público. Probablemente sea uno de los géneros más difíciles de trabajar, ya que el sentido del humor no afecta por igual a la sensibilidad de todo el mundo. En este caso, los gags recuerdan levemente a los utilizados por Joaquín Reyes antes de su patinazo con Museo Coconut, algo que radicalizará las opiniones vertidas sobre la obra de Cobeaga. Por otro lado, la historia resulta poco original, echándose de menos algún giro que vaya más allá del "chico intenta recuperar a chica". Aun así, resulta entretenida y entrañable para estas fechas. Lástima que su estreno en salas no llegue hasta la víspera de Reyes. Esperemos que, por culpa de esto, la película no tenga que conformarse con un trocito de carbón bajo el árbol de navidad.

Estreno en España: 5 de enero de 2011

(Preestreno cortesía de Vértice Cine y de Diego San José)


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22 de diciembre de 2010

Cyrus (2010)


Adiós, mamá




Cyrus es una de esas películas independientes que, de vez en cuando, nos regala la industria del cine estadounidense para demostrar una vez más que con presupuestos menores se puede hacer un cine muy interesante. Aunque está categorizada como una comedia, en realidad tiene más toques dramáticos o románticos.

Tras una larga introducción, en la que se incide en lo mal que John lo ha pasado en los últimos siete años, conoce en una fiesta a Molly, una mujer que le ayudará a olvidar a su expareja.  Aunque la relación empieza con buen pie, se produce un gran cambio cuando Cyrus, el hijo de ella, pasa a ser un factor decisivo. La sobreprotección con la que Molly le ha criado les ha convertido en inseparables. Así, John tendrá que luchar para demostrar que su presencia no les va a separar. Pero su punto de vista es completamente opuesto al de Cyrus, que intenta por todos los medios posibles recuperar lo único que siempre ha tenido a su lado: su madre.

Con un buen comienzo, el filme pierde fuerza cuando debería empezar a ser interesante. Pero poco a poco vuelve a recuperar el ritmo para otorgar un final más sincero que pretencioso. Y es que la sinceridad de los personajes tiene una gran relevancia, convirtiéndose en un juego de estrategia en el que negociar las condiciones de la guerra.

Aunque Cyrus es una propuesta atractiva, no termina de conseguir cautivar al espectador de la misma manera que otras joyas del cine independiente. Seguramente porque no se establece empatía alguna con los personajes, o por condicionar tan claramente la opinión hacia la postura de John. En la batalla, cada bando tiene sus razones, casi siempre igual de válidas. Cada uno tiene su propia verdad, y aquí falta una cierta flexibilidad en ese aspecto.


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20 de diciembre de 2010

I love you Phillip Morris (2009)


Baños de sol en la sombra




Phillip Morris ¡Te quiero! ha tenido grandes dificultades para aparecer en las carteleras de Estados Unidos. El motivo, al parecer, es por ser considerada como una película demasiado gay. En ese país, la programación de películas busca aquellas obras que estén calificadas como aptas para todos los públicos, así que cualquier propuesta que se aleje de los más jóvenes de la casa corre el peligro de quedar condenada al olvido.

A pesar de algún plano que sugiere, sin llegar a mostrar nada, cómo dos hombres practican sexo, la homosexualidad no es la trama principal sobre la que gira la película. Steven Russell decide cambiar de vida después de un accidente de tráfico y reconocer que siempre se ha sentido atraído por otros hombres. Al dejar atrás a su mujer e hijos y a su empleo de siempre, emprende una serie de estafas que le ayudan a pagar las cuantiosas facturas de los lujos que le rodean. Pero todas las soluciones fáciles terminan con resultados catastróficos, por lo que terminará rindiendo cuentas con la justicia.

La historia, basada en hechos reales, mezcla las peripecias del protagonista como estafador y a su vez abogado (un Jim Carrey similar al de Mentiroso compulsivo), con el romance que mantiene con Phillip Morris (el siempre tierno Ewan McGregor). Las diferentes etapas de esta relación han sido muy bien construidas, destacando sobre todo las primeras. El sonido mezclado de sus voces leyendo las cartas que se escriben resumen así un largo periodo de tiempo, pero sin escatimar en detalles. Los delitos que a menudo comete se presentan en forma de comedia, algo que queda subrayado por la melodía de la canción I cried like a silly boy, de Devotchka.

Pero hay algo que es innegable. El tratamiento que se le da a la homosexualidad se basa únicamente en los estereotipos más utilizados. El derroche de dinero, el alto estilo de vida, el bronceado artificial, el gusto por la ropa hortera y por los perros pequeños, o la inevitable enfermedad del sida son algunas de las paradas obligatorias que, supuestamente, deberían hacer el argumento más realista. La única pequeña diferencia que confirma la regla es la cordial relación que Steven mantiene con su exmujer, quien ve con naturalidad su orientación sexual, a pesar de ser una persona con fuertes creencias religiosas. Teniendo en cuenta los problemas por los que esta obra ha pasado, hay que poner en duda si es el público el que no está preparado para algo así, o si esto ocurre solamente en los despachos de las grandes distribuidoras de cine estadounidenses.


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19 de diciembre de 2010

The experiment (2010)


Detrás de la línea



En este remake de la alemana Das experiment (Oliver Hirschbiegel, 2001), Travis decide darle un cambio a su vida tras ser despedido por un recorte presupuestario de la residencia en la que trabaja. Tras conocer a una atractiva mujer, está dispuesto a seguir sus pasos hasta La India para volver a encontrarse con ella. Para lograrlo necesita dinero, por lo que entra en un experimento sociológico destinado a estudiar la relación entre la autoridad y el comportamiento humano. Pero ese experimento no se desarrolla según estaba previsto.

La principal diferencia está en la incorporación del clásico "Chico conoce a chica". Y ese es un argumento tan recurrente que ni siquiera hay un mínimo esfuerzo en su desarrollo. Solamente consigue aportar a la película la meta personal del protagonista de tener algo por lo que luchar, pero ni siquiera eso llega a ser una motivación.

Adrien Brody, que interpreta al Prisionero 77, podría dar más de sí mismo, pero quizá el proyecto no esté a su altura. Su personaje, que en la primera versión tenía una personalidad firme, adquiere un carácter esquizofrénico con el que pasa de enfrentarse a los más fuertes a sucumbir ante cualquier adversidad. Probablemente este sea uno de los cambios más desafortunados, ya que con él se pierde la excelente psicología que tenía en el filme alemán. Y eso por no hablar del dudoso concepto de violencia que se plantea, basado solamente en las agresiones físicas más graves que se puedan dar.

La gran tensión que impregnaba el título original se ha evaporado, pudiendo vislumbrarse únicamente en momentos muy puntuales. Desde luego, la resolución final no funciona. Lo que en Das experiment quedaba perfectamente explicado con las imágenes, aquí pasa a ser redundante mediante un diálogo final que evidencia su moraleja a los más despistados. Si bien en él se cuestiona la evolución humana, probablemente hubiese sido más productivo entrar a valorar la necesidad de volver a rodar una película sin tener el menor ánimo constructivo.

Estreno en España: Por determinar


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16 de diciembre de 2010

El último bailarín de Mao (Mao's last dancer, 2009)


Bailando en la cuerda floja



Basada en una historia real, El último bailarín de Mao recopila los momentos más destacables de la vida de Li Cunxin. Seleccionado por representantes de Mao Tse Tung, abandona su pueblo natal para estudiar ballet en Pekin, teniendo que abandonar a su familia. Su éxito le llevará a exhibir en el continente americano todo lo que ha aprendido. Pero Li conoce allí cosas que nunca hubiera podido imaginar, por lo que intenta no tener que regresar.

El responsable de este trabajo es Bruce Beresford (Paseando a Miss Daisy, 1989). Siendo la historia narrada desde su estancia en Estados Unidos, los pasajes de su infancia se muestran mediante extensos flashbacks edulcorados por una repetitiva y predecible música oriental. Estos recuerdos, en los que se alaba exageradamente la figura del líder comunista, suponen una crítica que evidencia las carencias que China sufrió bajo su mandato. Pero es el la embajada donde aparece su peor imagen, llegando a ser considerado como un criminal que no respeta el derecho internacional.

Los números de baile son cuantitativamente moderados, si tenemos en cuenta el argumento. Estas secuencias hacen disfrutar a los amantes del ballet, pero sin dar tiempo a aburrir a quienes no les gusta este arte. Tampoco se regodean en piruetas rocambolescas e imposibles, siendo un espectáculo básico pero creíble.

Si bien el ritmo de la película es desigual, el desenlace es uno de los puntos más débiles que tiene. Buscando una emotividad que no se consigue, pierde a su vez todo el carisma que ya había obtenido. Además de previsible, no sostiene toda la protesta política en la que tanto se ha insistido durante este filme. Y si hay algo imperdonable, tanto en la danza como en el cine, es la falta de coordinación que hace perder el equilibrio en el peor de los momentos.

Estreno en España: 17 de diciembre de 2010

(Preestreno cortesía de Cines Renoir)


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Machete (2010)


En el filo del mito



Varios años después de tentar al público con un falso trailer proyectado antes de Planet Terror, Robert Rodriguez ha conseguido convertir aquella idea en un largometraje. Machete debe entenderse, por tanto, como un fruto del éxito que tuvo con aquella película, por lo que la comparación con la misma es inevitable.

La dificultad de este proyecto está en la forma de construir un filme partiendo de unas imágenes que, unidas, resultan exageradas. Aunque todas ellas aparecen en algún momento, da la sensación de que el argumento es un camino forzado que obliga a mostrar los acontecimientos ya expuestos en su día. De esta forma, esos momentos cruciales del falso trailer pasan a un segundo plano, cobrando más protagonismo aquello que ha sido añadido después. Viendo el producto final, el personaje de Luz (Michelle Rodríguez, conocida por el personaje de Ana Lucía en la serie Lost) debería haber aparecido en dicho trailer, ya que constituye una de las tramas más importantes. Este tipo de inclusiones son responsables de que Machete no tenga la misma fuerza que tenía su planteamiento inicial.

Puede parecer algo insignificante, pero el tratamiento que tiene la fotografía es muy descuidado. Y no en el sentido de mala calidad, sino todo lo contrario. El ruido utilizado tanto en Planet Terror como en Death Proof (Quentin Tarantino, 2007) es vuelto a utilizar en los primeros minutos como elemento decorativo, pero radicalmente olvidado en el resto del metraje. En la película de Rodríguez, este desgaste estaba justificado, como por ejemplo cuando interrumpe la secuencia de sexo con la chica que tiene una pierna de madera. Pero utilizar ese efecto de manera gratuita e instantánea no aporta nada productivo.

Por lo demás, resulta entretenida. Se deja ver, aunque es fácil llegar cansado a la última parte. Tal vez sea porque, en ese momento, el espectador que lleva años creando expectativas ya haya descubierto que es una mala idea mitificar algo que todavía no ha sido producido. Y, sin duda, Machete es una obra que hubiera sido mejor que permaneciese tan sobrevalorada como estaba hasta el momento.


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15 de diciembre de 2010

Biutiful (2010)


Cuestión de supervivencia


Con un Javier Bardem más humano que nunca, y en una Barcelona más humilde de lo que el cine suele retratar, Biutiful intenta hurgar en las entrañas del espectador para mostrar las miserias que todos llevamos dentro, y que solo afloran en los casos de extrema necesidad. Uxbal, padre de una familia desestructurada, utiliza toda su imaginación para que a sus hijos no les falte todo lo que les falta. Pero cuando las dificultades no escasean, el incontrolable mal humor no consigue otra cosa que devolver a la familia a su cruda realidad, devolviendo ese sufrimiento a los más inocentes.

Alejandro González Iñárritu se ha quedado esta vez a las puertas de hacer una buena película. Y es que, si bien los ingredientes de los que partía eran buenos, el resultado final no lo es tanto. Los diferentes casos de inmigración propuestos reflejan tanto la venta ilegal de música y películas, conocida con el nombre de top manta, como la explotación humana de trabajadores, pero sin profundizar lo más mínimo en sus respectivas situaciones. Por otro lado, el don especial con el que nació el personaje de Bardem queda aislado del resto del argumento, sin que exista conexión alguna con la historia; incluso se llega a crear una desagradable confusión que, al final del filme, permanece anclada esperando desde el techo de su hogar.

Aunque lo más destacable sean las interpretaciones del padre y de sus hijos, en el fondo Biutiful ofrece lo que promete: un cuento sobre la dureza de la vida; una reflexión sobre la supervivencia animal en un entorno hostil. Aunque se intente negar, esa es nuestra naturaleza. De un modo u otro, todos intentamos no entrar con coleta en nuestros bosques para así no aparentar ser un zorro y no espantar a las lechuzas.


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19 de noviembre de 2010

Sala y Salón - Programa 05


Esta semana:
  • Escuchamos a Rodrigo Cortés hablar sobre su película Buried (Enterrado).
  • Hacemos un repaso de los estrenos de la semana.
  • Debatimos sobre la próxima película de Harry Potter.
  • Descubrimos qué parejas de cine se han roto en los últimos días.
  • Despedimos a Luis García Berlanga.
  • Encuesta: ¿Qué dos actrices te gustaría que fuesen las elegidas para la próxima entrega de Batman?
  • Y mucho más.
Puedes escuchar nuestro programa en la página web de Sala y Salón.


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5 de noviembre de 2010

Sala y Salón - Programa 04


Nueva temporada de Sala y Salón, un programa de radio sobre cine hecho por un grupo de estudiantes universitarios que comparten su pasión por el séptimo arte.

Esta semana:

  • Entrevistamos a Diego San José, guionista de Pagafantas (Borja Cobeaga, 2009).
  • Hacemos un repaso de los estrenos de la semana: Salidos de cuentas, Caza a la espía, Agnosia, Jackass 3D y La bohème.
  • Debatimos los últimos estrenos de series de televisión españolas.
  • Repasamos las noticias más significativas de los últimos meses relacionadas con personalidades del mundo del cine.
  • Consultorio: ¿Hubiera cambiado mucho El laberinto del fauno dirigida por un director norteamericano?
  • Encuesta: ¿Cuál es tu película favorita de Pixar?
  • Y mucho más.

Puedes escuchar nuestro programa aquí.


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1 de noviembre de 2010

María Antonieta (2006)


¡Que Dios salve a Sofia!



Bajo un título que parece una llamada a la revolución, Sofía Coppola se queda a las puertas de tal intento. Al contrario de lo que sería más previsible, la historia se centra en el rechazo que la monarca recibe de su marido, sin apenas entrar en el desarrollo de la Revolución Francesa.

El punto de distinción de María Antonieta es su anacronismo. Por este motivo ha sido injustamente comparada con Moulin Rouge! (Baz Luhrmann, 2001). Injustamente, porque en este caso la música seleccionada no se adapta al relato, desvinculándose por completo del mismo. Dicho anacronismo no se limita a su banda sonora, sino que también invade todo lo demás. Así es posible contemplar cómo las reuniones femeninas son más propias de Sexo en Nueva York (Darren Star, 1998-2004) que de la corte de una reina.

Esta película supone un retorno a la primera obra de la directora: Las vírgenes suicidas (1999). En ambas se cuestiona el papel que la mujer debe desempeñar socialmente. Frente al encierro que se produce en la primera, y sus posteriores consecuencias, aquí se critica que la única labor que tuviesen en la realeza fuera la de dar a luz al sucesor de la corona. De Lost in translation (2003) solamente ha podido mantener el erotismo creado por su protagonista en ropa interior, incluso mejorando la imborrable imagen de Scarlett Johansson por la de una excelente Kirsten Dunst (Mary Jane en Spiderman).

El ritmo seguido pasa de un inicio muy lento a un desarrollo aceptable, para después desembocar en un final poco resuelto. Hay que destacar el momento en el que ella consigue su objetivo, resolviendo un largo periodo de tiempo en unos pocos segundos. La sonrisa de ella en la hierba (imagen superior) da paso a una elipsis temporal de manera brillante.

Sofía Coppola da un paso atrás en esta obra. No se sabe todavía si es para tomar impulso, o si terminará tirando la toalla. Lo que sí parece es que, con el talento que ya ha demostrado tener, aquí está empeñada en ofrecer solamente sus migajas a los espectadores. A falta de pan, que coman pasteles.


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8 de octubre de 2010

La red social (The social network, 2010)


El próximo Bill Gates



Mark Zuckerberg podría haber sido un chico cualquiera. Podría haber pasado desapercibido por la universidad, o haberse hundido por algún desengaño amoroso. Pero no fue así. Desde su habitación de estudiante en Harvard, alimentando así el mito de la empresa informática que nace en un garaje, empieza a engendrar un nuevo sitio web. En él se muestran dos fotografías de alumnas universitarias, y el usuario debe decidir cuál de ellas prefiere. Pero la idea clave para que funcione la obtiene de un proyecto que los hermanos Winklevoss le encargan: crear una comunidad. El final de esta historia la podemos encontrar en cualquier ordenador, y su nombre es conocido en todo el mundo: Facebook.

El director David Fincher (Zodiac, 2007; El curioso caso de Benjamin Button, 2008) lleva a la gran pantalla el símbolo de toda una generación: la que está más familiarizada con la del ordenador que con la del cine o la televisión. Y lo hace a través de constantes saltos entre los diferentes actos de conciliación y el proceso de desarrollo de esta red social. Al principio, los cambios temporales que se reflejan en el relato son demasiado frecuentes, resultando en ocasiones desconcertantes. Aunque esa estructura se conserva a lo largo de toda la obra, dichos saltos pasan a ser más esporádicos, otorgando un mayor desarrollo a cada secuencia.

Destaca la comparación del primer concepto de Facebook con la hermandad de un campus, resuelta mediante un montaje en paralelo. Los valores de exclusividad, socialización y diversión quedan así perfectamente captados. Pero es en estos lugares donde aparecen situaciones de menor relevancia, ocupando demasiado tiempo de la película. Las competiciones de remo son una metáfora de la competitividad que mantienen los personajes por alcanzar la meta del éxito; pero, como toda metáfora que se precie, ésta termina sufriendo un desgaste tras un uso excesivo de la misma.

The social network consigue entretener al espectador, pero podría haber dado algo más de sí. Es una lástima que se haya convertido en un intento forzado de humanización del fundador de Facebook. Resulta contradictorio que alguien a quien supuestamente le importa tan poco el dinero anteponga el factor económico a la honestidad. Quién sabe si este es el motivo por el que sus compañeros de clase estaban seguros de que, con el tiempo, Zuckerberg lograría convertirse en el próximo Bill Gates.

Estreno en España: 15 de octubre de 2010

(Preestreno cortesía de Sony Pictures)


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2 de octubre de 2010

Bicicleta, cuchara, manzana (2010)


Cuenta atrás



Pasqual Maragall, ex alcalde de Barcelona y ex presidente de la Generalitat de Catalunya, está enfermo. Tiene Alzheimer. Poco a poco sufre un deterioro cognitivo que también provoca transtornos en su conducta. Es algo irreversible e incurable. Pero no es el único. Más de 26 millones de personas se encuentran en la misma situación. Y parece haber llegado el momento de concienciar a la población sobre esta terrible enfermedad.

Esta es la dura situación que se afronta en Bicicleta, cuchara, manzana. El nombre de este documental procede de una prueba de detección, en la que se le pide al paciente que memorice tres palabras, ya que la memoria a corto plazo es la primera en desaparecer. En el lado opuesto están los recuerdos musicales, que son los que más tiempo permanecen en el cerebro. Estos se convierten, con el tiempo, en la única conexión con todo aquello que ha sido vivido anteriormente.

Carles Bosch, director de esta obra, acierta al elegir a un personaje popular para conseguir captar la atención del público, que es el primer objetivo de la película. Pero el verdadero mérito está en haber escogido a alguien con una manera tan valiente y enérgica de afrontar el Alzheimer. Y lo demuestra desde el momento en el que decide hacerlo público, en una rueda de prensa.
"En ningún lugar está escrito que esta enfermedad sea invencible"
Pero no todas las decisiones han sido buenas. La duración de este documental es demasiado extensa. En varios momentos, la atención del espectador puede decaer, ya que no está bien estructurado el relato. Puestos a suprimir fragmentos, resulta redundante ver varias veces los mismos diagnósticos realizados en diferentes lugares del mundo, sin que ninguno aporte nada diferente. Aunque la intención era la de dar a entender que es algo que ocurre en cualquier lugar del planeta, estos momentos no facilitan la empatía con la dolencia. Concretamente, la parte rodada en la India es la más prescindible de todas, debido a que se centran en otros aspectos secundarios.

Independientemente de la calidad de este documental, es cierto que se debe fomentar la investigación para que, como prevén los más optimistas, el Alzheimer se pueda combatir en 2020. La Fundació Pasqual Maragall pone su granito de arena para que esto sea una realidad. No olvidemos que, como se dice en esta película, cuando mueren los recuerdos de una persona, es la persona en sí la que ha muerto.

Estreno en España: 1 de octubre de 2010

(Preestreno cortesía de Cromosoma)


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22 de septiembre de 2010

Mapa de los sonidos de Tokio (2009)


Oídos sordos



Una de las pasiones más remotas del ser humano reside en la elaboración de guías visuales que materialicen conocimientos para su conservación y posterior transmisión. De esta manera, los mapas pueden ayudar a que el viajero alcance su destino, o incluso a que imagine una ruta que jamás recorrerá. Por desgracia, no existe nada que cree alguna sensación parecida en Mapa de los sonidos de Tokio. Y el problema es mayor de lo que en un primer momento pueda parecer.

El título, primer elemento de aproximación a la obra, esconde una declaración de intenciones que no es correctamente llevada a cabo. El vococentrismo que predomina en la mayor parte del cine sonoro es aleatoriamente abandonado en determinados momentos, pero sin llegar a darle ninguna relevancia al resto de los elementos acústicos. Hay una grave confusión entre tratar el ruido ambiente de la banda sonora y subir el volumen del mismo. Cuando se hace de manera innecesaria, el resultado puede definirse como desastroso.

Isabel Coixet pretende en cada película acercarse a una pseudo-poesía sensorial a costa de sacrificar los demás elementos cinematográficos. Y cada vez es más eficaz a la hora de conseguirlo. Esta vez lo logra trazando pinceladas sueltas que no llegan a dibujar nada nítido. Mediante unos diálogos más propios de alguna filosofía oriental, capta parcialmente el sentimiento de soledad experimentado al vivir en un entorno extraño, pero sin rastro de la magia que envuelve Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003). La canción elegida para la inevitable e imprescindible secuencia de karaoke es Enjoy the silence (Depeche Mode, 1990), haciendo también aquí un juego de palabras redundante.
"Quizá fue demasiado tarde desde el principio"
Rinko Kikuchi, la chica sordomuda de Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), defiende como puede a una asesina a sueldo contratada para terminar con el propietario de una tienda de vinos. Sergi López es el responsable de perpetrar a este personaje. Y ya no es solo culpa de su penoso acento inglés, sino de la desgana con la que trata cada palabra pronunciada. El desarrollo de la historia sigue el curso más previsible que puede haber entre la depredadora y su presa, sin ningún tipo de giro en el argumento. Para finalizar, un lento zoom avanza hasta desenfocar el plano. Así, la imagen y el relato terminan situados en el mismo nivel, ya que éste no ha tenido nunca el enfoque adecuado. Parece que a Coixet no le ha sonado la flauta esta vez.


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16 de septiembre de 2010

Contracorriente (2009)


Luces y sombras de amor prohibido



En un apartado pequeño pueblo de pescadores, cualquier acontecimiento que rompa con la rutina mantenida durante inmemorables generaciones puede suponer un escándalo. Si además este lugar queda englobado por una cultura en la que la religión condena todo lo que no siga fielmente los cánones tradicionales, la homosexualidad se convierte en un tema difícil de abordar. Pero los mayores retos son los que pueden dar mejores o peores resultados, y Contracorriente es un ejemplo del primer caso.

Miguel, casado y con un hijo en camino, no entiende lo que le sucede cuando está con Santiago. O tal vez no lo acepta. Con el paso del tiempo atraviesa por diferentes etapas: del entretenimiento llega al arrepentimiento; de la diversión, a la negación. Está a punto de ser padre y quiere que el pequeño pueda crecer con una figura paterna, masculina.
"Tú no eres maricón, porque para ser maricón hay que tener un par de huevos"
Contracorriente no es una reflexión sobre la homosexualidad en sí misma, sino sobre cómo afecta a los demás. En este aspecto se asemeja a Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), aunque sin llegar a ser tan superficial al reflejarlo. Gracias a un giro en la trama, el director y guionista Javier Fuentes-León logra crear situaciones en las que los posibles rumores dejan de importar, haciendo que el espectador se pregunte hasta qué punto importa guardar las apariencias.

La mayoría de las secuencias se desarrollan en escenarios exteriores, con una luz que embellece todo lo que toca. Los interiores en los que se ha rodado la película son, aparentemente, reales; y si no lo son, están perfectamente integrados con los demás. Dentro del agua, la abundante luminosidad permite ver lo que ocurre con menor distorsión de la imagen a la que estamos habituados en estos espacios abiertos. Pero al hablar de la estética de esta obra, sería imperdonable no aplaudir la acertada elección del autor de los cuadros que se le atribuyen al personaje de Santiago, ya que ha logrado captar tanto el erotismo como el amor que siente por su amante.

Entre los actores, Cristian Mercado y Tatiana Astengo destacan por una más que aceptable interpretación. No podemos decir lo mismo de Manolo Cardona, conocido por la versión española de Sin tetas no hay paraíso; sin llegar a hacer un mal trabajo, consigue pasar desapercibido. Las actrices secundarias más mayores también obtienen su pequeño momento de gloria cinematográfica, seguramente sin haber pisado en su vida una escuela de arte dramático.

Aunque es una producción pequeña, no hay que olvidar que ya ha salido victoriosa frente a otras más grandes. Entre otros, en su vitrina se encuentra el premio del público a mejor drama internacional de Sundance. La baza con la que juega es la de conmover al espectador, pero sin recurrir a la lágrima fácil. Y seguramente ese sea su mayor defecto.

Estreno en España: 17 de septiembre de 2010
(Preestreno cortesía de Cines Verdi)




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14 de septiembre de 2010

Adèle y el misterio de la momia (2010)


Dinosaurios momificados



De la mano de Luc Besson nos llega la adaptación cinematográfica de los cómics de Jacques Tardi dibujados bajo la serie Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec. La similitud física de cada personaje con el de las ilustraciones es asombrosa. Pero, en un intento de aproximación al público más infantil, han sufrido una estereotipación gratuita y exagerada.

Las intenciones han sido buenas. Se ha construido un relato para los pequeños, pero mediante una fórmula un poco más adulta, más próxima al cine de autor. De hecho, la introducción es semejante a la voz en off de Amelie (2001), destacando momentos puntuales poco relevantes que se producen de manera simultánea. Cabe preguntarse si los niños aceptarán esto o, como sospecho, se aburrirán.

El argumento, en cambio, sí está dirigido únicamente a ellos: Adèle, una periodista, viaja a Egipto para robar la momia de un doctor para después revivirla. El objetivo de este faraónico viaje: poder curar a su pobre hermanita, profanando todo aquello que sea necesario. Una comparación puntual con la pirámide del Louvre es una de las escasas muestras de ingenio que aparecen en una película excesivamente simple.

Demasiado adulta para los niños, y demasiado infantil para los mayores. Si, como parece, no va a ser la última obra con esta protagonista, deberá volverse a plantear a qué objetivo pretende dirigirse. A no ser que, realmente, quiera despertar a más de uno de su tumba.

(Preestreno cortesía de Tripictures)


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3 de septiembre de 2010

Buried (Enterrado)


Enterrando el mito del cine español


Tras unos créditos iniciales que sepultan al espectador a pocos metros bajo tierra, llega la más absoluta oscuridad. A falta de iluminación, los demás sentidos se agudizan para empezar a apreciar el sonido del silencio. Durante un instante podemos contener la respiración, antes de que la luz desencadene un torrente de sensaciones angustiosas. La claustrofobia se apodera, inevitablemente, de la sala, que queda reducida a un pequeño espacio entre cuatro paredes de madera. Pero este sufrimiento no da pie a intentar levantar la tapa de la puerta y salir de ella en ningún momento.

El guión que fielmente ha seguido Rodrigo Cortés (Concursante, 2007) puede presumir de saber mantener el equilibrio emocional en todo momento, algo muy complicado si tenemos en cuenta la extraña naturaleza de este proyecto. Pero también hay que reconocer la escasa verosimilitud que se encuentran en algunos pequeños detalles, como por ejemplo la larga duración del oxígeno, o los motivos por los que el protagonista es enterrado con unos determinados objetos. La estructura queda dibujada bajo la sombra de la llama de un Zippo, generando en ocasiones una pequeña elipsis temporal que interrumpe el tiempo real en el que se enmarca el relato. La luz se convierte así en el hilo conductor, llevando hasta un desenlace que puede considerarse uno de los mayores aciertos de la obra. En él se demuestra que es posible jugar con las dos posibilidades que existen, consiguiendo sorprender en la forma de mostrarlo.

Ryan Reynolds borda la dramatización de cada suspiro, de cada aliento, grito o llanto. Y todo ello a pesar de la dificultad de protagonizar, por cuestiones obvias, prácticamente cada uno de los planos de la película. Y es que, a pesar de la limitación espacial, el director consigue llevar a cabo una gran variedad de tiros de cámara, haciendo que estos no resulten repetitivos. Además, destacan algunos movimientos de 360 grados realizados con grúa. Pero ante una imagen en la que, en muchas ocasiones, solamente podemos intuir figuras, el sonido adquiere una especial importancia. El eco de cada movimiento, unido a una música extradiegética un tanto melodramática, refuerza la tensión de la narración de un modo agradable.

Poco se puede contar del argumento sin estropear esta emocionante experiencia sensorial de noventa minutos. Se trata de una película que debe disfrutarse en una sala de cine o, en su defecto, viéndola en casa (cuando se edite en Blu Ray o DVD) sin interrupciones. Desde luego, Buried experimenta con nuevas posibilidades en la gran pantalla, algo poco habitual en las propuestas españolas de los últimos años. Este atrevimiento, por una vez, ha terminado resultando acertado, aunque todo apuntase a la catástrofe en su planteamiento. Solo cabe esperar que el público responda en taquilla y se haga la justicia que no se hizo con la anterior obra de Cortés.

Estreno en España: 1 de octubre de 2010

(Preestreno cortesía de Warner Bros Pictures)


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25 de agosto de 2010

Próximamente: Buried (Enterrado)


Una de las apuestas españolas más atractivas de la temporada cinematográfica (coproducida por Estados Unidos) llega de la mano de Rodrigo Cortés. El director de Concursante (2007), destacable aproximación a las bases de la economía pero que no tuvo una gran aceptación en taquilla, regresa con una cinta claustrofóbica en la que el espectador se sentirá encerrado durante sus 90 minutos de metraje. Ryan Reynolds interpreta a Paul Conroy, quien tras ser secuestrado despertará en un ataúd con dos herramientas: un teléfono móvil y un mechero. El trailer que hemos podido ver hasta ahora es, a pesar de su sencillez, escalofriante.




El próximo 1 de octubre de 2010 se estrena Buried (Enterrado) en las salas de cine de España. Pero, en una acertada manera de promoción, dentro de unos días habrá un pase especial para blogs, al cual he sido invitado. En cuanto esto ocurra, prepararé mis impresiones sobre el evento y, claro está, sobre la obra. Para terminar, otros dos carteles que me han resultado interesantes. Son muy similares al poster de Vértigo de Alfred Hitchcock. No se pueden hacer comparaciones con este genio, pero ¿estaremos ante otra obra maestra del suspense?


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29 de julio de 2010

Cambio de rol

Cada año por estas fechas, la vuelta al trabajo trae consigo el fin de muchas otras cosas. Una de ellas es mi larga barba. Puede parecer algo insignificante, pero en realidad hay mucho más detrás de ella. La noche anterior a mi regreso observo en el espejo a ese hombre huraño de mirada perdida, más moreno que de costumbre. Sabe que su aspecto desaliñado va a desaparecer, y con él su anhelo de libertad, de dejarlo todo y empezar a dedicar su tiempo a tareas más productivas. O al menos más reconfortantes. No se atreve a pedirme que me detenga, que limpie la espuma de mis manos y que tire al suelo la cuchilla. Sabe que todavía no puedo hacerle ese regalo. Resignado, termina por devolverme la melancólica mirada, con el único consuelo de que no es un adiós, sino un hasta pronto. Aunque no le gusta mirar, permanece atento al desarrollo de este ritual, que irremediablemente desembocará en su muerte. De vez en cuando echa un vistazo al agua que arrastra su esencia hacia el desagüe, seguramente para asegurarse de que no quedarán restos que le recuerden. Pero, llegando al final, siempre aparece alguna lágrima de sangre que llora su pérdida. Dejando esta marca de dolor en la toalla, vuelvo a mirar al espejo, ya con la cara seca. No está. En su lugar de nuevo aparece ese otro hombre que, si bien su rostro me resulta más familiar, en realidad es para mí un auténtico desconocido. De nuevo tengo once meses por delante para intentar acercarme a él, para descubrir sus verdaderas motivaciones y entender el porqué de sus actos. Tal vez así, la próxima vez pueda disfrutar durante más tiempo de la compañía de ese ser del que me he despedido esta noche, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa cada vez que lo mire.


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8 de julio de 2010

Knight and day (2010)


Despropósitos encadenados



Cuando se toman todos los elementos necesarios de un género cinematográfico, se combinan y el resultado es desastroso, se suele acudir a la excusa de la parodia. Pero solamente se puede aceptar esta posibilidad cuando no se observa una intención de querer hacerlo bien. Y James Mangold lo intenta sin éxito en varias ocasiones en Knight and day.

Partiendo de un planteamiento flojo y demasiado precipitado, los personajes de Tom Cruise y Cameron Diaz se adentran en un conflicto desproporcionado. Tras conseguir el aterrizaje forzoso de un avión, deberán esquivar a los que les persiguen de manera intermitente. Persecuciones y descansos que, estratégicamente colocados, completan el resto del metraje. Pero los actores apenas consiguen congeniar, creando varias secuencias de aburrimiento pseudo romántico que resta cualquier expectativa de entretenimiento.

La falta de realismo es exagerada. Casi ninguna situación peligrosa puede resultar creíble en ningún momento. Y como mayor ejemplo, la de la fotografía de arriba. Como a todos nos suele pasar constantemente, cuando nos atrevemos a utilizar una moto en plenos Sanfermines sevillanos, terminamos sin darnos cuenta en mitad de los encierros. Total, esas calles nunca han tenido medidas de seguridad que eviten estas cosas... Por suerte, con esa moto se puede escapar fácilmente, ya que en el recorrido que hacen los toros nunca hay personas que dificulten esta hazaña. Simplemente ridículo.

Muy poco recomendable para los amantes del género de acción, y absolutamente nada recomendable para el resto de la humanidad.


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