14 de febrero de 2010

Nine (2009)



★★☆

Tras tanto tiempo sin escribir (tanto en este blog como fuera de él), hace unas semanas me propuse volver a hacerlo para hablar de alguien a quien también tiene un cierto miedo a plasmar sus ideas en un papel, aunque en este caso se trate de un personaje ficticio. Hablo de Guido Contini, protagonista del film musical Nine (2009).

Nos encontramos ante una revisión de 8½ de Fellini, y también ante la adaptación a la gran pantalla del musical de Broadway. Con toda esta mezcla puede parecer imposible que el producto final sea capaz de sorprender al espectador. En parte es así, pero no podemos negar algunas de las virtudes de esta película. Los cambios realizados sobre la historia del director italiano son siempre positivos, aclarando aspectos confusos o aumentando el dramatismo de la situación. El mejor ejemplo de esto último lo encontramos en las pruebas de cámara de Claudia (Nicole Kidman), en las que Guido (Daniel Day-Lewis) trata de conquistarla como en su día lo hizo con su esposa Luisa (Marion Cotillard).

La interpretación en esta película varía entre lo vulgar y lo magistral. Cabe destacar a una imbatible Marion Cotillard, que desde La môme (La vida en rosa) a un servidor le tiene ganado. Penélope Cruz resulta muy sensual en la canción de turno que interpreta, pero en el resto de sus apariciones consigue destrozar el personaje. Su llegada en el tren es, seguramente, el mejor ejemplo del poco entusiasmo de la actriz en este proyecto. Por otro lado, Nicole Kidman consigue pasar totalmente desapercibida en esta obra.

La música, fundamental en cualquier film musical, recuerda a la utilizada en Chicago (2002). La letra de las canciones llega a ser muy pobre, girando solamente en torno a estereotipos superficiales. Así, para conquistar a una mujer hay que "ser italiano", o para describir a un director de cine basta con decir que "hace películas". Esto, sin embargo, debe ser un defecto del musical original y no de la película.

En las primeras secuencias se intenta recrear el angustioso ambiente que rodea al protagonista, pero en cuanto la historia avanza esto queda olvidado. En la obra de Fellini, esta tensión se mantiene constantemente, para bien o para mal. El desenlace, sin embargo, resulta demasiado confuso en la original. Mientras que en la primera no se conseguía distinguir entre la realidad y la imaginación de Guido, en esta película queda perfectamente registrado que el desfile de mujeres representa la influencia que sobre su trabajo tienen o han tenido, y nada más. Este final ha conseguido reconciliarme con la propia película original, algo que, personalmente, considero que tiene demasiado mérito.


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1 comentarios:

Víctor Blanco dijo...

venga Tercero dale caña al blog! q esta cojonudo

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