1 de marzo de 2010

Europa (1991)





Viaje en tren a la excentricidad

☆☆☆

Lars Von Trier, director de algunas joyas como Dogville o Dancer in the dark, ofrece en Europa una visión cuanto menos inquietante de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. En ella podemos ver cómo la devastación está más presente sobre las conciencias de sus habitantes que sobre las calles. El protagonista, un estadounidense de origen alemán, llega al país para establecerse en él, a pesar de los malos tiempos que corren.

"Ya entiendo por qué hay tanto paro en Alemania: trabajar es demasiado caro"

El empleo que le consigue su tío en la empresa de ferrocarriles Zentropa hace que llegue a relacionarse con la familia que posee dicha compañía. Las investigaciones acerca del traslado de judíos en sus propios trenes crea divisiones dentro de la propia familia que desencadenan traiciones y venganzas personales. Trier quiere reflejar así el punto de vista de una sociedad que, aunque no esté orgullosa de ello, tuvo que tomar una serie de decisiones estratégicas de supervivencia y después enfrentarse a las trágicas consecuencias.

El director danés abusa en esta película sin motivo aparente de tonos demasiado oscuros que a veces no permiten reconocer las figuras de la pantalla, combinados de manera caótica y aleatoria con imágenes en colores poco consistentes. Sin emAlineación a la derechabargo es posible apreciar un cierto interés en la exploración de nuevas formas narrativas. La historia aparece narrada bajo una terapia de regresión psicológica aplicada no a una persona, sino a una sociedad. También cabe destacar la creación de planos superponiendo otros más sencillos, creando un curioso efecto en el que las leyes de la perspectiva desaparecen.

Aunque innovadora, la película resulta pesada y desconcertante. La moraleja final de Europa hace que estemos ante un producto moralmente pretencioso, ya que parece querer condenar eternamente a las nuevas generaciones de alemanes por los actos de sus antepasados. Está claro que no se debe olvidar la historia, pero culpabilizar a todo un pueblo no es la mejor manera de cerrar viejas heridas.


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