13 de abril de 2010

El secreto de sus ojos (2009)


Sí... Pero no



He de reconocer que, en general, el cine argentino no me gusta. Películas tan aclamadas como El hijo de la novia o No sos vos soy yo me resultan vulgares, en contra de todas las constantes recomendaciones que he recibido de ellas. Hasta ahora, Martín (Hache) era la única que me había parecido decente. Hasta ahora, ya que a esa pequeñísima lista puedo incluir a la ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Sin embargo, es un cine que sigue sin deslumbrarme.

En El secreto de sus ojos se parte de un caso judicial para ir más allá, para poner en entredicho las rarezas del comportamiento humano que se afrontan día a día. El amor y el odio, la fragilidad del recuerdo, el sentimiento de justicia o la sensación de poder son algunos de los temas por los que pasa esta película. Y, aunque pueda parecerlo, no lo hace de puntillas, sino plenamente, abarcando casi la totalidad de la obra.

Juan José Campanella ha conseguido convertir un guión bastante simple en una obra que irradia optimismo detrás de cada detalle, incluso en aquellos momentos que no deberían hacerlo. Un optimismo que, a modo de moraleja, hace que cada personaje pueda reconciliarse con su propia situación, y también consigo mismo, aunque para hacerlo sea necesario esperar durante años.

El ritmo es, en cambio, bastante desigual, combinando pasajes innecesariamente lentos con otros en los que la cámara no da tregua al espectador. Como magistral ejemplo de esto último destaca el falso plano secuencia que se desarrolla en el interior del campo de fútbol, en el que la cámara se adentra en sus laberínticos pasillos persiguiendo a un personaje a diferentes escalas de planos. Otra secuencia destacable es la del interrogatorio, ya que a pesar de no innovar precisamente en el modo de desarrollarlo, resulta especialmente emotiva, sorprendiendo además la torpeza con la que se desarrolla.

Lástima que en este film el maquillaje utilizado para envejecer a los actores esté tan mal hecho, siendo imposible encontrar en él un ápice de credibilidad. Un rostro con pegotes de un potingue marrón puede transmitir muchas cosas, pero nunca vejez. Hubiese sido mejor haberse limitado a emblanquecer el pelo de los actores.

Entretenida, pero no tanto. Entrañable, pero no tanto. Sorprendente, pero no tanto. Sentimental... probablemente demasiado.


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2 comentarios:

Escuece dijo...

¿Nuevo diseño?

Àlvaro dijo...

Solamente he cambiado la imagen de la cabecera del blog. Pero sí. A ver si algún día le cambio más cosas.

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