29 de julio de 2010

Cambio de rol

Cada año por estas fechas, la vuelta al trabajo trae consigo el fin de muchas otras cosas. Una de ellas es mi larga barba. Puede parecer algo insignificante, pero en realidad hay mucho más detrás de ella. La noche anterior a mi regreso observo en el espejo a ese hombre huraño de mirada perdida, más moreno que de costumbre. Sabe que su aspecto desaliñado va a desaparecer, y con él su anhelo de libertad, de dejarlo todo y empezar a dedicar su tiempo a tareas más productivas. O al menos más reconfortantes. No se atreve a pedirme que me detenga, que limpie la espuma de mis manos y que tire al suelo la cuchilla. Sabe que todavía no puedo hacerle ese regalo. Resignado, termina por devolverme la melancólica mirada, con el único consuelo de que no es un adiós, sino un hasta pronto. Aunque no le gusta mirar, permanece atento al desarrollo de este ritual, que irremediablemente desembocará en su muerte. De vez en cuando echa un vistazo al agua que arrastra su esencia hacia el desagüe, seguramente para asegurarse de que no quedarán restos que le recuerden. Pero, llegando al final, siempre aparece alguna lágrima de sangre que llora su pérdida. Dejando esta marca de dolor en la toalla, vuelvo a mirar al espejo, ya con la cara seca. No está. En su lugar de nuevo aparece ese otro hombre que, si bien su rostro me resulta más familiar, en realidad es para mí un auténtico desconocido. De nuevo tengo once meses por delante para intentar acercarme a él, para descubrir sus verdaderas motivaciones y entender el porqué de sus actos. Tal vez así, la próxima vez pueda disfrutar durante más tiempo de la compañía de ese ser del que me he despedido esta noche, consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa cada vez que lo mire.


Share/Bookmark

8 de julio de 2010

Knight and day (2010)


Despropósitos encadenados



Cuando se toman todos los elementos necesarios de un género cinematográfico, se combinan y el resultado es desastroso, se suele acudir a la excusa de la parodia. Pero solamente se puede aceptar esta posibilidad cuando no se observa una intención de querer hacerlo bien. Y James Mangold lo intenta sin éxito en varias ocasiones en Knight and day.

Partiendo de un planteamiento flojo y demasiado precipitado, los personajes de Tom Cruise y Cameron Diaz se adentran en un conflicto desproporcionado. Tras conseguir el aterrizaje forzoso de un avión, deberán esquivar a los que les persiguen de manera intermitente. Persecuciones y descansos que, estratégicamente colocados, completan el resto del metraje. Pero los actores apenas consiguen congeniar, creando varias secuencias de aburrimiento pseudo romántico que resta cualquier expectativa de entretenimiento.

La falta de realismo es exagerada. Casi ninguna situación peligrosa puede resultar creíble en ningún momento. Y como mayor ejemplo, la de la fotografía de arriba. Como a todos nos suele pasar constantemente, cuando nos atrevemos a utilizar una moto en plenos Sanfermines sevillanos, terminamos sin darnos cuenta en mitad de los encierros. Total, esas calles nunca han tenido medidas de seguridad que eviten estas cosas... Por suerte, con esa moto se puede escapar fácilmente, ya que en el recorrido que hacen los toros nunca hay personas que dificulten esta hazaña. Simplemente ridículo.

Muy poco recomendable para los amantes del género de acción, y absolutamente nada recomendable para el resto de la humanidad.


Share/Bookmark

2 de julio de 2010

My blueberry nights (2007)


Pero, ¿qué tiene de malo la tarta de arándanos?



En la taquilla del cine podemos encontrar cada semana diferentes propuestas para degustar. Al final del día, algunas de sus salas habrán vendido todas las entradas, como puede ocurrir en una cafetería con la tarta de queso y con el pastel de manzana: siempre se terminan. Otras, como la tarta de melocotón y la mousse de chocolate, tienen casi el mismo éxito y atraen a una gran cantidad de público, quedando tan satisfecho su apetito voraz como el de los primeros. En cambio, existe otro tipo de cine que, aunque ocupa un lugar privilegiado en el escaparate, suele resultar desapercibido para la mayoría de espectadores. Cuando llega la noche, siempre queda una tarta de arándanos sin tocar. Esa tarta se llama Wong Kar-Wai, y el pedazo que nos ha reservado esta noche lleva por título My blueberry nights.

El director hongkonés vuelve a utilizar los ingredientes de la receta familiar que tanto éxito internacional le ha otorgado en anteriores ocasiones: el uso de la cámara lenta, la importancia del fuera de campo en algunos fragmentos, los largos silencios armonizados con música melancólica... Incluso repite con una nueva versión de Yumeji's theme, canción utilizada en In the mood for love (Deseando amar), pero sin conseguir que deje el mismo sabor de boca. Y es que, a pesar de estas similitudes, nuestro paladar se encuentra ante un producto diferente.

Norah Jones debuta en la gran pantalla interpretando a una joven que desea cambiar, pero que no encuentra el modo de hacerlo. Las charlas nocturnas con el dueño de una cafetería (Jude Law) hacen que comprenda que su historia es un llavero más de los muchos que dejan los clientes. Por ello escapa de ella misma para volver a encontrarse. Un viaje de 360 grados que nunca devuelve a nadie al mismo sitio del que partió. El trayecto recorrido se convierte en la diferencia.

Y si ese trayecto transcurre en la antigua Ruta 66, lo menos que puede resultar es enriquecedor. A través de las postales sin remite que ella le envía, conocemos a otros personajes curiosos como un policía alcohólico, su mujer (Rachel Weisz) o una jugadora de poker (Natalie Portman). Ninguno de ellos puede escapar de su adicción. En realidad, nadie puede, ya sea una copa de vodka, una apuesta o un abrazo que busca el consuelo de la noche.

"Esto sabe fatal. Pero nadie bebe por el sabor, ¿no?"

Con solo 90 minutos al horno a media temperatura, Won Kar-Wai nos ofrece un pastel que no empalaga. Y es que a veces es mejor no dejarlo demasiado tiempo al calor. Los que detestamos el sabor y la textura del bizcocho quemado lo agradecemos. En el fondo nos consuela saber que siempre pueda haber alguien que, al final del día, esté dispuesto a reservar para nuestros ojos ese pedazo que nadie supo apreciar.


Share/Bookmark