2 de julio de 2010

My blueberry nights (2007)


Pero, ¿qué tiene de malo la tarta de arándanos?



En la taquilla del cine podemos encontrar cada semana diferentes propuestas para degustar. Al final del día, algunas de sus salas habrán vendido todas las entradas, como puede ocurrir en una cafetería con la tarta de queso y con el pastel de manzana: siempre se terminan. Otras, como la tarta de melocotón y la mousse de chocolate, tienen casi el mismo éxito y atraen a una gran cantidad de público, quedando tan satisfecho su apetito voraz como el de los primeros. En cambio, existe otro tipo de cine que, aunque ocupa un lugar privilegiado en el escaparate, suele resultar desapercibido para la mayoría de espectadores. Cuando llega la noche, siempre queda una tarta de arándanos sin tocar. Esa tarta se llama Wong Kar-Wai, y el pedazo que nos ha reservado esta noche lleva por título My blueberry nights.

El director hongkonés vuelve a utilizar los ingredientes de la receta familiar que tanto éxito internacional le ha otorgado en anteriores ocasiones: el uso de la cámara lenta, la importancia del fuera de campo en algunos fragmentos, los largos silencios armonizados con música melancólica... Incluso repite con una nueva versión de Yumeji's theme, canción utilizada en In the mood for love (Deseando amar), pero sin conseguir que deje el mismo sabor de boca. Y es que, a pesar de estas similitudes, nuestro paladar se encuentra ante un producto diferente.

Norah Jones debuta en la gran pantalla interpretando a una joven que desea cambiar, pero que no encuentra el modo de hacerlo. Las charlas nocturnas con el dueño de una cafetería (Jude Law) hacen que comprenda que su historia es un llavero más de los muchos que dejan los clientes. Por ello escapa de ella misma para volver a encontrarse. Un viaje de 360 grados que nunca devuelve a nadie al mismo sitio del que partió. El trayecto recorrido se convierte en la diferencia.

Y si ese trayecto transcurre en la antigua Ruta 66, lo menos que puede resultar es enriquecedor. A través de las postales sin remite que ella le envía, conocemos a otros personajes curiosos como un policía alcohólico, su mujer (Rachel Weisz) o una jugadora de poker (Natalie Portman). Ninguno de ellos puede escapar de su adicción. En realidad, nadie puede, ya sea una copa de vodka, una apuesta o un abrazo que busca el consuelo de la noche.

"Esto sabe fatal. Pero nadie bebe por el sabor, ¿no?"

Con solo 90 minutos al horno a media temperatura, Won Kar-Wai nos ofrece un pastel que no empalaga. Y es que a veces es mejor no dejarlo demasiado tiempo al calor. Los que detestamos el sabor y la textura del bizcocho quemado lo agradecemos. En el fondo nos consuela saber que siempre pueda haber alguien que, al final del día, esté dispuesto a reservar para nuestros ojos ese pedazo que nadie supo apreciar.


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