8 de octubre de 2010

La red social (The social network, 2010)


El próximo Bill Gates



Mark Zuckerberg podría haber sido un chico cualquiera. Podría haber pasado desapercibido por la universidad, o haberse hundido por algún desengaño amoroso. Pero no fue así. Desde su habitación de estudiante en Harvard, alimentando así el mito de la empresa informática que nace en un garaje, empieza a engendrar un nuevo sitio web. En él se muestran dos fotografías de alumnas universitarias, y el usuario debe decidir cuál de ellas prefiere. Pero la idea clave para que funcione la obtiene de un proyecto que los hermanos Winklevoss le encargan: crear una comunidad. El final de esta historia la podemos encontrar en cualquier ordenador, y su nombre es conocido en todo el mundo: Facebook.

El director David Fincher (Zodiac, 2007; El curioso caso de Benjamin Button, 2008) lleva a la gran pantalla el símbolo de toda una generación: la que está más familiarizada con la del ordenador que con la del cine o la televisión. Y lo hace a través de constantes saltos entre los diferentes actos de conciliación y el proceso de desarrollo de esta red social. Al principio, los cambios temporales que se reflejan en el relato son demasiado frecuentes, resultando en ocasiones desconcertantes. Aunque esa estructura se conserva a lo largo de toda la obra, dichos saltos pasan a ser más esporádicos, otorgando un mayor desarrollo a cada secuencia.

Destaca la comparación del primer concepto de Facebook con la hermandad de un campus, resuelta mediante un montaje en paralelo. Los valores de exclusividad, socialización y diversión quedan así perfectamente captados. Pero es en estos lugares donde aparecen situaciones de menor relevancia, ocupando demasiado tiempo de la película. Las competiciones de remo son una metáfora de la competitividad que mantienen los personajes por alcanzar la meta del éxito; pero, como toda metáfora que se precie, ésta termina sufriendo un desgaste tras un uso excesivo de la misma.

The social network consigue entretener al espectador, pero podría haber dado algo más de sí. Es una lástima que se haya convertido en un intento forzado de humanización del fundador de Facebook. Resulta contradictorio que alguien a quien supuestamente le importa tan poco el dinero anteponga el factor económico a la honestidad. Quién sabe si este es el motivo por el que sus compañeros de clase estaban seguros de que, con el tiempo, Zuckerberg lograría convertirse en el próximo Bill Gates.

Estreno en España: 15 de octubre de 2010

(Preestreno cortesía de Sony Pictures)


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