31 de diciembre de 2010

Tengo algo que deciros (Mine vaganti, 2010)


Amasando secretos



Siguiendo el estereotipo de familia acomodada con costumbres demasiado tradicionales, los Cantone no se preocupan solamente por cuidar su imagen pública, sino también la que ofrecen de puertas para adentro. A modo de premonición, la homosexualidad se presenta en este hogar como la peor de las desgracias que pueda llamar a su puerta. Lo que todavía no saben es que ya ha entrado, se ha instalado y no puede marcharse. Con el objetivo de alejarse del negocio familiar, Tommaso decide anunciar que es gay en una importante cena y así evitar su nombramiento como director de la empresa. Pero Antonio, su hermano, da a la conversación un giro inesperado que cambiará todos sus planes.

Ferzan Ozpetek vuelve a llevar la homosexualidad a la gran pantalla con el respaldo de la taquilla italiana. Tengo algo que deciros mezcla la sobriedad e hipocresía de las relaciones familiares de Yo soy el amor (Luca Guadagnino, 2009) con un obsoleto asunto del honor personal. De hecho, el año de producción de la película se subraya en el diálogo, para que nadie piense que la historia transcurre en el siglo pasado. En realidad se trata de un retrato de la sociedad rural del sur de Italia, en el que se ha añadido un leve tono de disconformidad hacia esos valores.

En el reparto destaca sobre todo su protagonista: Riccardo Scamarcio, a quien recordamos de Manual de amor 2 haciendo rehabilitación en una silla de ruedas, y quien guarda un sorprendente parecido con Ricardo Darín de joven. Pero entre los roles secundarios sobresale Lunetta Savino, a quien se ha podido ver en el papel de madre en Raccontami (el Cuéntame cómo pasó italiano), y una dulce pero no empalagosa Ilaria Occhini.

A pesar de sonrojar con varios momentos ridículos, en los que los amigos de Tommaso crean un atrevido contraste con el resto del filme, sorprende la importancia que adquieren ciertos recursos poco habituales en este tipo de obras. La sensualidad del personaje de Alba sirve para construir una historia secundaria que enlaza perfectamente con las raíces familiares, creando un aleccionador final cuyo origen está en la propia experiencia de las generaciones más lejanas. Y es que, con diferentes matices, el conflicto entre lo que a cada uno le gustaría hacer con su vida y lo que termina haciendo por no defraudar a los demás sigue estando a la orden del día.


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