2 de enero de 2011

La mujer sin piano (2009)


Cine acúfeno



Si se hiciese un estudio sobre cuál es la palabra más utilizada para definir la profesión de un ama de casa, esta sería sin duda la rutina. Y qué mejor forma de reflejar algo repetitivo que hacerlo de una manera poco convencional. La mujer sin piano muestra el contraste entre un día cualquiera de Rosa y una noche especial, diferente. El viaje que emprende a ninguna parte representa un cambio en su vida, mediante el que llegará a un lugar personal al que nunca antes había imaginado llegar.

Carmen Machi demuestra en su primer papel cinematográfico como protagonista que está capacitada para hacer algo más que comedia. Pero este cambio de registro es parcial, ya que el personaje que aquí desarrolla vive una situación similar al pasado del que ya interpretaba en las series 7 vidas y Aída.

Si a algo recuerda esta película es a La soledad, de Jaime Rosales. Y no en el mal sentido. Mientras que en aquella se le otorgaba una gran importancia al espacio construido mediante el fuera de campo, en esta ocasión es la historia la que se crea de ese modo. Son pocos los datos que aparecen de forma explícita, pero muchos los sugeridos por el relato. Aunque no se explica por qué Rosa decide a salir a la calle, se puede leer entre líneas todo lo que hay detrás de ese paseo. Igualmente, la última frase que se pronuncia en el filme no aporta información, pero resulta fácil adivinar qué es lo que se dirá después.

Sin embargo, La mujer sin piano pasa de puntillas sin apenas hacer ruido. Solamente los oídos más sensibles pueden disfrutar con su irregular melodía. Pero para los demás será un sonido desagradable, un pitido de mayor o menor intensidad que atormenta a quien lo padece. Y, al igual que en el acúfeno, no existe una fuente real que provoque estas malas vibraciones, sino que son propias de cada uno. Por suerte o por desgracia, siempre hay palabras necias que necesitan oídos sordos.


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