12 de junio de 2011

También la lluvia (2010)


La guerra del agua



Bolivia parece el lugar ideal para grabar una película sobre la llegada de Cristobal Colón al nuevo continente. Las ventajas son sus hermosas localizaciones, la presencia de población indígena y, sobre todo, la posibilidad de contratar mano de obra barata, casi regalada. Filmar con cientos de extras reales es algo muy atractivo, por lo que el equipo técnico irrumpe en la selva para iniciar el rodaje. Pero los habitantes de Cochabamba están más preocupados por su propio futuro, llevando a cabo una lucha social para evitar que los más poderosos restrinjan el acceso al bien más preciado: el agua.

El equipo dirigido por Icíar Bollaín aborda la Guerra del Agua de Bolivia de una manera original, desenfocando la atención del conflicto para situarla en algo que es prioritario bajo el punto de vista occidental: el trabajo. Precisamente, el problema de la privatización del agua empieza a ser importante solo cuando afecta a los intereses laborales. El tema elegido para la película que están produciendo tampoco es casual, ya que evidencia las semejanzas entre los abusos realizados por los primeros españoles en América y los de la población acomodada sobre las clases sociales más bajas. Frente a la enorme desigualdad económica de Suramérica, el papel de occidente queda reflejado como el de mero espectador que, de vez en cuando, debe mirar hacia otro lado.

La fotografía de También la lluvia está cuidadosamente mimada plano a plano, tanto en la iluminación como en el encuadre. Se ha captado una belleza que no está solamente en la vegetación de la selva, sino en las miradas y gestos de un espléndido grupo de actores y actrices. Aunque ya conocíamos las dotes interpretativas de Luis Tosar, su trabajo sigue siendo sorprendente. Con la velocidad a la que está creciendo como actor, cabe preguntarse cuánto tiempo pasará hasta que dé el salto (hacia adelante o hacia atrás) a la industria estadounidense. Por otro lado, Gael García Bernal únicamente aporta unos ojos vacíos y perdidos, dándole un cierto trasfondo a su personaje.

Aunque se aleje del cine comercial, También la lluvia es un film español que merece la pena ver. La coproducción con México y Francia parece haber beneficiado al resultado final. Es un buen ejemplo de cómo el cine bien hecho no tiene por qué recurrir siempre a lo mismo, aunque sin renunciar al entretenimiento. De nada serviría ofrecer alternativas que terminasen aburriendo al público, que es quien hace posible que cada proyección siga teniendo sentido.



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