27 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros (2013)


Aeropuerto sin aviones

☆ 

Nos guste o no, Pedro Almodóvar ocupa y siempre ocupará un lugar reservado en la vitrina de la historia del cine español. Con el tiempo se ha convertido, o mejor dicho, ha sido convertido en icono y referente de un modo un tanto extraño de mirar a través de la cámara, tanto desde la silla de director como desde la de guionista. Sobrevalorado en ocasiones e infravalorado en otras, su obra no suele dejar indiferente a nadie. Pero mantener el listón es complicado, como les ha podido pasar en algún momento a otros grandes como Woody Allen, Steven Spielberg o Lars von Trier. Cada nueva entrega de su filmografía es esperada con expectación, y más cuando supone una vuelta al género que mayores éxitos le ha dado: la comedia.

En Los amantes pasajeros se emplea un humor ligeramente influenciado por los programas de televisión La Hora Chanante y Muchachada Nui, en los que el propio Carlos Areces participaba. Esto puede considerarse como una apuesta muy arriesgada, ya que es un estilo que ha levantado tantas pasiones favorables como contrarias. A diferencia de estos precedentes, las situaciones absurdas propuestas no son para nada brillantes, llegando incluso a rozar la vergüenza en determinados gags.

Los numerosos rostros conocidos consiguen que el casting se parezca más a una pasarela de modelos que de actores, de los que el cineasta no logra exprimir todo su potencial. Algunas de estas apariciones hacen que ciertas secuencias parezcan haber sido incluidas a posteriori, completamente desligadas de su propio contexto fílmico. Entre las peores interpretaciones destacan la de Hugo Silva, la de Miguel Ángel Silvestre y, por qué no decirlo, la de Paz Vega. El pequeño cameo de Antonio Banderas y de Penélope Cruz es tan breve como prescindible.

Ambientada en una España de corrupción, estafa e impunidad política, cabe preguntarse si Los amantes pasajeros no forma parte del mismo problema, evidentemente a otro nivel y dimensión. Al igual que en el caso de los aeropuertos sin aviones, la frustración e impotencia hacia un Pedro Almodóvar que lleva años prometiendo volver, pero que nunca vuelve del todo, son sentimientos inevitables. Y al igual que ocurre con las urnas en el tema político, la taquilla es el único castigo que el espectador puede y debe realizar cuando no quede satisfecho.


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